El Zar (Tzar), Rusia 2009

Pavel Lungin, autor casi desconocido en España, es uno de los directores rusos más importantes del cine actual. Su film anterior, realizado en 2006 y que llevaba por título, Exorcismo (Octpob), es una de las películas religiosas más apasionantes que se han realizado a lo largo de la historia del cine. Su peculiar estilo y su asombrosa capacidad para concebir espectacularidad en sus escenas le han llevado en su nuevo trabajo a realizar una superproducción (15 millones de dolares), presupuesto  no habitual en la cinematografía rusa, o de hecho, en cualquier película europea.

En El Zar el realizador ha retomado uno de los mitos históricos rusos: Iván el terrible, figura que el célebre Sergei M. Eisenstein ya había filmado en 1943, a petición de Stalin. Iván IV sucede a su padre a la temprana edad de 3 años y en 1547, al cumplir 17 años, decide restaurar la monarquía y coronarse Zar, es decir, el nuevo César, y gran príncipe de toda la Rusia, en la catedral de Moscú por el patriarca Macario. apoyado por la Iglesia ortodoxa y, autonombrado jefe de la misma, el cargo le otorgará a Iván IV un prestigio sagrado en la tierra, que constituirá la base de la autoridad sin límites de la nueva autocracia zarista.

El realizador, más interesado por el hombre que por el cargo, centra su historia en los últimos años de su reinado. En 1565, tras la derrota sufrida contra las tropas polacas, Iván el Terrible comienza a creer que se ha creado una conspiración a su alrededor. Para establecer y justificar su autoridad crea una nueva guardia personal, los Perros del Zar, que sembrarán el miedo y la violencia entre la población. El responsable de la Iglesia del país, ante las barbaridades cometidas por el Zar y su guardia, huye de Moscú. El zar ve en este hecho un signo de más de la llegada del Juicio Final y decide solicitar la ayuda de un antiguo amigo de la infancia.

Dividida en cuatro partes: oración, cólera, guerra y diversión, el film analiza la desviación que sufre un poder político absoluto y un gobierno corrupto, situación similar en la actualidad en ciertos países islámicos. Interpretada realista y magistralmente, el director ha tenido un especial cuidado en no caer en el típico film de época, por lo que ha solicitado los servicios del colaborador habitual de Clint Eastwood, Tom Stern, para que la fotografía tuviese una textura entre ficción y realidad. Un fresco apasionante, con una dirección artística sublime, que nos recuerda que la historia, por desgracia, no cesa de repetirse.

Rewers, Polonia 2009

Espectacular. La moderación debe imponerse a cualquier elogio y la sabiduría de Tales de Mileto ya nos aconsejó, hace mucho tiempo, ”sea tu oráculo la mesura”. Pero ante ciertas obras, sobre todo cuando sales del cine eufórico, con ganas de volver a entrar a la próxima sesión, olvidándote de cualquier otro compromiso, se impone un adjetivo: sublime.

 

El primer largometraje del director polaco de 37 años, Borys Lankosz, es una delicia, desde la secuencia del inicio hasta el último fotograma. Una sabia combinación de imágenes de archivo, el tratamiento del blanco y negro para la parte de los años 50 en que transcurre el film, en inspirado homenaje que recuerda los clásicos de antaño, sin referencias concretas, por la riqueza de sus detalles y el empleo de la profundidad de campo, y el color utilizado en la historia que se desarrolla en la época actual, consiguen un marco estético incomparable para un guión inteligente y unos actores inspirados.

 

La inmensa mayoría de las películas sobre el comunismo han aportado únicamente la visión de los hombres, olvidando la percepción que las mujeres tenían de este período de la historia europea. El director ha optado por contar la historia desde una óptica original y diferente, la de una familia de tres mujeres que viven la época sin mezclarse políticamente en ella y esperando tiempos mejores, como de hecho ocurre con la mayoría de la población en este tipo de situaciones. La joven protagonista de 30 años, Sabine, tímida y reservada espera encontrar, sin mucho éxito por el momento, al hombre de su vida. El tiempo pasa y su madre y su abuela, desesperadas, hacen desfilar por la casa en que viven juntas algunos candidatos para ver si la introvertida Sabine se decide. Una noche tras salir de su trabajo conoce, como por arte de magia, al hombre de sus sueños: Bronislaw, un moreno, tenebroso y viril, que conquistará de inmediato su corazón.

 

Por ahora pensarán que no hay nada nuevo bajo el sol pero el arte del director convierte este simple historia en un verdadero y lúdico juego. La película comienza como el típico drama burgués a la Claude Chabrol, pasando por la comedia para terminar como un excelente film negro como el azabache. Esta sucesión de géneros desfila ante nuestros ojos mediante una reflexionada solución de continuidad que se hace evidente.

La película está llena  de sorpresas visuales y narrativas por lo que es imposible contar nada más del guión sin descubrirlas. Pero en el film hay una infinidad de detalles, una moneda de oro que preocupa en extremo a nuestras protagonistas, el departamento de Poesía del Ministerio de Cultura de Varsovia donde trabaja Sabine, un suspense sobre un pasajero que llega al aeropuerto, unos vecinos inquietantes… y, por encima de todo, una soberbia interpretación de su protagonista, Agata Buzek, que ha cosechado todos los premios de su país, al igual que la película.

 

Sin lugar a dudas, una de las mejores películas del año. Los distribuidores deberían echar a correr para adquirir de inmediato sus derechos de exhibición. Un pequeño detalle: el título no es muy atractivo, propongo para su versión en español, “Las travesuras de una polaca buena”.