Quelques Jours de Répit (A Few Days of Respite), Argelia 2010

Amor Hakkar, realizador de la sorprendente La Maison jaune (2008), al cerrar la última página del periódico que estaba leyendo, sabía que ya tenía el tema de su próxima película. Un artículo le había impresionado tanto, que hasta que no realizase el film, no se quedaría tranquilo. La prensa narraba la historia, por desgracia habitual, de una pareja iraní de homosexuales condenados a muerte. Dos más entre las aproximadamente 400 ejecuciones que practica este país cada año.

Pero Amor Hakkar prefiere insinuar que mostrar, contar antes que sentar cátedra o invitar a la reflexión en lugar de imponer un discurso. Su historia, plasmada en un sutil guión, podría constituir el mes precedente a la citada noticia de la prensa. Quizás, esos días de respiro o de tregua, que lleva por título la película.

Un hombre, en la penumbra de una habitación, está cortándole el pelo a otro. Un acto íntimo, lleno de ternura, que no por ello deja de deja recordarnos los preliminares de una ejecución. La siguiente escena ha cambiado de país y de luminosidad. Un profesor de universidad, interpretado por el propio director, y un fotógrafo, Samir Guesmi, han atravesado la frontera suiza para entrar en Francia, escapando de su país, y caminan por las vías de un tren.

En este sendero hacia la libertad se encontrarán con dos personas. La primera, un hombre acostado en el suelo, que también espera el tren, pero no para escapar sino para suicidarse. Los fugitivos le ayudan a levantarse y le acompañan a su casa para intentar evitar su muerte. Pero llega un momento en que deben irse y, tras unos metros de camino, el eco de un sonido les traerá el desenlace que el suicida ha decidido para sí.

Su segundo encuentro es mucho más importante. Al ver en la estación a una señora cargada con una maleta, uno de los fugitivos, que viajan separados para no despertar sospechas, decide ayudarla a subir al tren. La increíble actriz, Marina Vlady, que ha rodado a las órdenes de Orson Welles, Jean-Luc Godard o Ettore Scola y hacía años que no aparecía en pantalla, interpreta a este personaje con una tremenda dulzura. Ambos comienzan a charlar para llenar el tiempo del viaje y ella se da cuenta, de inmediato, de su condición de inmigrante. Para poder ayudarle le ofrece un trabajo provisional, hacer algunas chapuzas en casa y pintar el salón.

Un vez llegados a una ciudad de provincias, la pareja se instala en un modesto hotel. Como nada les obliga a continuar el viaje, el profesor acepta la oferta y trabajará durante la jornada mientras que su compañero le espera en la habitación. Pero, evidentemente, nada ocurre como se supone que debía suceder. Una delicada, sobria y sincera película que consiguió formar parte de la selección oficial del Festival de Sundance 2011.

La Extraña (Die Fremde), Alemania 2010

Tres personas caminan en pleno día por una calle que podría pertenecer a cualquier país europeo, la chica lleva de la mano a un niño y, algunos metros detrás, un joven la sigue. El chico se para y la mujer, como se hubiese percibido su presencia, se da la vuelta y ve que le está apuntando con una pistola. El siguiente plano nos muestra al joven corriendo, todo sudado, para coger un autobús, se sienta, mira por la ventana y algo en el exterior acapara su atención, sin que el espectador sepa de qué se trata. Fundido a negro y en la oscuridad de la sala se escucha la voz del niño que con dulzura pronuncia una única palabra: mamá.

Uno de los comienzos más inquietantes del cine invisible para este film que ha arrasado en todos los festivales del mundo por su fuerza estética, la interpretación magistral de la actriz, que ya nos cautivó en Contra la pared (2004), Sibel Kekilli, y una historia conmovedora. Sobre todo porque sin tratarse de una transposición exacta de un suceso concreto, dramatiza una serie de hechos reales que siguen apareciendo, con demasiada frecuencia por desgracia, en nuestros periódicos.

Umay, una joven turca, decide abandonar a su marido para escapar de la violencia que sufren ella y su hijo, en un apartamento que ha dejado de ser su hogar hace mucho tiempo. Sin decírselo a nadie, sale de Estambul y se dirige a Alemania, país en el que viven sus padres, con la esperanza de rehacer su vida y conquistar su perdida independencia. Pero lo que Umay no esperaba es que para su familia, abandonar a su marido, constituye un deshonor y una imborrable deshonra para todos sus miembros.

Feo Aladag, actriz antes que directora, ha cuidado en especial la dirección de los actores y la profundidad de los personajes. Narrada con brío, la protagonista debe enfrentarse a una nueva situación que le afecta aún más que la violencia conyugal que había soportado hasta el momento por su hijo, el rechazo de su familia y la exclusión de su comunidad.

Sin discurso aleccionador, las imágenes del primer film de Feo Aladag se limitan a presentar una situación, sin juzgar a ninguno de los integrantes de esta comunidad, y concluye con una escena final que da sentido al enigmático debut de este conmovedor, realista e inspirado film, donde los inocentes acaban pagando por los culpables y los culpables encuentran su justificación en falsas convicciones. Una película imprescindible para una historia que no debería volver a suceder.

Morgen (Mañana), Rumanía 2010

Una película excepcional que comienza atravesando una frontera física, para acabar saltándose las psicológicas, y con una escena inicial digna de entrar en la antología universal del teatro del absurdo. Nelu, vigilante de un supermercado, tiene organizada su vida a través de pequeños placeres y rituales cotidianos. Cada mañana se levanta al alba para ir a pescar al río que se encuentra al otro lado de la frontera, luego va a trabajar y, por fin, por la noche se ocupa de su huerta o descansa un poco.

Esta mañana Nelu ha tenido suerte con su caña de pescar y no vuelve con las manos vacías. En la frontera, aunque le conocen, existen ciertos trámites burocráticos que realizar, y como trae consigo un animal vivo en un cubo lleno del agua del río, le solicitan los papeles del pescado. Documentación que no puede aportar dado que el animal no llevaba consigo su carnet de identidad cuando lo pescaron. Ante tal circunstancia le obligan a tirarlo sobre el asfalto de esta frontera de intolerancia e incomprensión. ¿Cómo harán para conseguir el permiso de conducir de los pájaros que osan atravesarla a cualquier hora del día?

Nelu, hombre sereno y bonachón, se doblega sin dificultad ante la exhibición de un extremo ejercicio de autoridad, actitud que sufren algunas personas cuando visten de uniforme. Nuestro protagonista continúa su camino, sin más, pensando ya en la pesca del día próximo. Pero el botín será mayor que cualquier pescado fresco, dado que se encontrará con un inmigrante ilegal que no habla una sola palabra de su idioma. Esta vez no se trata de una carpa sino un pobre diablo que intenta atravesar el país para ver a su familia en Alemania.

Nelu comenzará por aprovecharse, en cierto modo, de la situación, contestando al inmigrante, ante su insistencia de que le ayude a pasar la frontera, con la única palabra que conoce en alemán: morgen (mañana). Pero el contacto crea la familiaridad y el tiempo hará que este hombre tranquilo pase al acto más inesperado, harto de escuchar el martilleo constante de que vivimos en una aldea global, afirmación que sólo funciona en un sentido.

Sin manipulación ni ningún tipo de radicalismo ideológico, Marian Crisan realiza un primer film galardonado con diversos premios internacionales, lleno de frescura, como el pescado de la película, y mucho talento, como el de sus protagonistas. Dos excelentes desconocidos del gran público, una actor de teatro rumano, Andras Hathazi, y un actor turco, Yilmaz Yalçin, al contrató con dos condiciones: dejarse barba y no leer el guión antes de empezar a rodar. Un film  tan comprensible en cualquier lugar del mundo como el discurso de agradecimiento de su director en uno de los festivales: una única palabra, gracias, pronunciada en quince idiomas.

Monsters, Reino Unido 2010

En la frontera de EE.UU. se ha levantado una gran muralla para evitar que los integrantes de una especie se adentren en su territorio, aislándolos de esta manera en un espacio geográfico limitado controlable. Este especie, perseguida por los militares americanos, se reproduce y migra con gran facilidad. Ya están acostumbrados a los bombardeos y son muy pacíficos mientras que no se les ataque directamente. Viven en un medio difícil y se adaptan como pueden a las condiciones a las que les someten las autoridades americanas.

Primera pregunta, ¿de qué especie se habla? Respuesta equivocada: los inmigrantes latinos. Respuesta acertada: una sonda espacial de los EE.UU. se estrelló en México liberando partículas de forma extraterrestre. Son los monstruos (del espacio, o lo que es lo mismo, del infierno), como podría haber escrito algún filósofo existencialista, los monstruos siempre son los otros.

 

Una película de ciencia-ficción, mediante una metáfora, trata un tema, actual o pasado, sin referirse a él de forma directa. En este film se ve de todo, menos monstruos verdes con antenitas: dos protagonistas perdidos, literal y simbólicamente, en un cruce de caminos. Hacia el norte volverán a encontrar la civilización que han perdido y por la que no se siente ninguna atracción. Hacia el sur existe la posible de lo desconocido, quizás, no sea mejor pero, en todo caso, será distinto de lo que han huido. O individuos que se aprovechan de un desastre o de una situación de peligro para aumentar sus beneficios personales y traficar, ya sea con billetes de barco o personas, sin escrúpulo alguno. Segunda pregunta, ¿se trata de una película de ciencia-ficción? Respuesta acertada: prefiero no responder a esta última cuestión.

Entre película de amor, cine fantástico y road movie, este film confirma que no es necesario un gran presupuesto para realizar un proyecto honesto e interesante de cine indie. Los grandes efectos especiales se sustituyen, en la mayoría de las ocasiones, por la imaginación de los espectadores. Sabido es que nuestra mente puede imaginar lo peor pesadilla posible porque cada uno recreará sus propios fantasmas personales. Tercera y última pregunta, ¿es cierto que el presupuesto de la película sólo ascendía a 15.000 dolares? Respuesta acertada: no, el mismo director, Gareth Edwards, ya ha desmentido esta afirmación. El presupuesto final oscila entre los 200 y 250.000 dolares. Para hacer reducir el coste de la producción el director también se ocupó del guión, la fotografía y los decorados. La mayoría de los figurantes son amigos de los miembros del equipo que estaban disponibles en el momento del rodaje en Belice, Costa Rica o Guatemala.

Una buena película en el más puro y tradicional estilo indie, con unos protagonistas, pareja real en la vida tras las cámaras, que transmiten una complicidad que compensa su interpretación, con un director dotado de un gran sentido para hallar la imagen impactante que sostenga un guión demasiado sencillo y una historia que, aunque no tenga nada de novedosa, consigue que todos los espectadores deseen que los extraterrestres continúen reproduciéndose, gracias a la belleza de las imágenes de la última parte de la película.