Denis Villeneuve, director de Incendies, 2010

Denis Villenueve, siempre al borde

Denis Villeneuve, como buen canadiense, llegaba al pre-estreno en Francia de su cuarta película, Incendies (2010), enfundado en un grueso anorak con capucha de piel. La temperatura de aquel mes enero de 2011 en Europa era bastante clemente y la de la sala de cine superaba los 20 grados. Sin duda alguna, el director es el más abrigado de todos los asistentes a la proyección aunque su película venga muy bien arropada, múltiples premios en varios festivales internacionales y una candidatura al Oscar en la categoría de mejor película extranjera.

Adaptar una obra de teatro a la pantalla grande, sobre todo si es tan sutil y rica como la escritura de uno de los mejores dramaturgos actuales, Wadji Mouawad, ya es complicado pero elegir la segunda parte de una tetralogía, La Sang des Promesses, puede resultar una elección bastante extraña. “Litoral ya había sido adaptada por Wadji y cuando vi Incendies en Montreal sentí un flechazo inmediato  -los ojos de Denis Villeneuve se iluminan ante el recuerdo de asistir a una obra de Mouawad, como le ocurre a cada uno de los espectadores que han tenido la oportunidad de asistir al iniciático ciclo teatral-. Wadji me abandonó, me dejo sólo para poder escribir la continuación de su trabajo, Forêts. Me dijo que las obras son como una mujer y es imposible convivir con dos a la vez. Yo estoy con Fôrets, amo Fôrets, tu quédate con Incendies, ahora es tu mujer”.

Wadji Mouawad

Un regalo repleto de libertad porque no había ninguna condición impuesta en esta generosa entrega. El director sabía que podía equivocarse, escoger una vía incorrecta o errar el tiro porque Wadji, ante su don total, ampliaba la posibilidad de error, “puedes escoger una escena, el título, un personaje, lo que tú quieras, tú decides” pero, conocedor del proceso creativo y con un amor incondicional, también le permitía la posibilidad de equivocarse.

Denis Villlenueve escribió el guión y decidió comenzar la historia de otra manera. En un espacio cerrado, que podría ser un orfelinato, un niño al que le cortan el pelo mira directamente al espectador, rompiendo así con la tradicional cuarta pared teatral. Un golpe maestro del director que de esta manera subraya que ya no estamos ante una obra de teatro, lo que vamos a ver es puro cine. Y al mismo tiempo “proponer un enigma y marcar una ruptura que tendrá que solucionarse a lo largo de toda la película, a través de ese personaje principal”.

Wadji Mouawad, en gran conocedor del teatro clásico y en especial de Sófocles (si bien debo reconocer por primera vez mi decepción ante la trilogía de “Las Mujeres”, primera parte del proyecto de actualizar todo Sófocles), adorna sus obras originales de referencias mitológicas y épicas del teatro griego. Denis Villeneuve también ha añadido a su película esa marca personal del dramaturgo, incluso yendo más allá, entre un realismo crudo y un pudor inquebrantable: el corte de pelo recuerda la melena de Hércules y la mítica pérdida de su fuerza y, en el film, el director marcó tres puntos en el pie de unos de los personajes, en lugar de una nariz roja de payaso que se utilizaba en la obra de teatro, y que resulta aún mejor que la marca de distinción del original, porque esta elección también nos trae a la memoria el talón de Aquiles.

Cartel original creado por el propio autor

Pero Denis Villenueve ha introducido en Incendies,un film sobre la cólera que se transmite de una generación a otra de una familia, mucho más que referencias externas a su realidad. Algo que nunca ha contado y que funciona perfectamente en el film es el papel del notario y su confraternidad con su corresponsal libanés. Estos oficios, habitualmente estereotipados en exceso en el cine, resultan naturales en Incendies y con razón, dado que el padre del director es notario, “mi abuelo es notario y su hermano también, mi hermano es abogado y toda la vida he estado rodeado por este oficio. Incluso el equipo artístico de la película reprodujo el mobiliario y la disposición del archivo de mi padre. Es, sencillamente, un homenaje”.

Una excelente casting (intérpretes de Montreal, París, Bruselas, Toronto, Siria, Palestina, Iraq, Marruecos, Líbano y Jordania) que combina una variedad de acentos (excelente la VO) con la generosidad y entrega de la actriz principal, Lubna Azabal y el frescor de los actores secundarios interpretados por aficionados, aportan un toque muy personal al film y un acabado que lo acerca a la realidad. Un proceso de selección complicado del que el director se siente muy satisfecho, dado que sabe que el éxito de la película depende en gran parte de “elegir bien a los actores”. Un tratamiento especial del tiempo para explicar esta historia entre generaciones, huyendo de los flashbacks, método que el director detesta, utilizando dos presentes al mismo tiempo que funciona a la perfección y en un tiempo récord de rodaje, 40 días, dados los numerosos desplazamientos que implicaba, como Montreal, Jordania o Amán.

Esta película le ha aportado múltiples galardones, aunque por desgracia no obtuvo al final el Oscar, pero hay uno del que se siente “por primera vez en su carrera, orgulloso”: el premio al mejor guión de la Seminci 2010. Entre tanto premio y promoción el director no ha asentado todavía el núcleo de su próxima película, “aún muy en estado embrionario y ni siquiera mi madre sabe de qué se trata”, pero su intención es escribirla durante este año y rodarla en 2012.

Lubna Azabal

Un film dedicado a nuestras abuelas, las únicas que pueden romper la cadena del odio, que al final de la proyección logró largos y calurosos, casi abrasadores, minutos de una entrega total, esta vez por parte de los espectadores, y subir la temperatura de la sala muchos grados. Denis Villenueve sonreía tímidamente pero, como buen canadiense, no se quitó el anorak.

Attack the Block, Reino Unido 2011

Una sesión doble de cine con Super 8 y Attack the Block en cartelera se transforma en el divertido e interesante juego de los siete errores. Ambos directores han trabajado con Spielberg, J. J. Abrams reparando los rollos de super 8 (posible título en homenaje) que Steven Spielberg había realizado en su adolescencia, y Joe Cornish, el director de este primer film, en la escritura del guión de las Aventuras de Tintín, si bien el título es una referencia-homenaje a la producción coreana Attack the gas station.

Ambos recuperan el universo del veterano director como base de sus trabajos. Por desgracia, J. J. Abrams se limita a una correcta copia muy previsible. Joe Cornish va mucho más allá. La práctica del reciclaje no es sólo recomendable sino que es una verdadera tendencia del cine actual. La diferencia es que esta honorable práctica debe servir para crear algo, no para amontonar los restos recuperados sin que éstos sufran transformación alguna.

Los protagonistas de las dos películas son una pandilla de adolescentes. A todos los de Super 8 los adoptarías de inmediato, educados, sensibles y con ojitos de perro abandonado en pleno verano. Sin embargo al grupúsculo de Attack los enviarías de inmediato a un reformatorio, unos quinquis maleducados, insensibles y con ojos de bulldog en pleno ataque de rabia.

La cuadrilla de Super 8 se ve inmersa en medio de la fuga de la tierra de un extraterrestre, tipo araña de Louise Bourgeois, con una nave espacial reciclada (aquí todo el mundo recicla, hasta el extraterrestre) en forma de Torre Eiffel. En Attack the Block, presupuesto obliga, los extraterrestres  vienen a reproducirse y quedarse (lo que nos faltaba), la forma de los aliens es lo que menos importa (¿existe alguien todavía que se crea que cualquier forma de inteligencia, por minúscula que sea, cometería la insensatez de pasar sus vacaciones en nuestro planeta?), lo único que se aprecia de estos monstruos, lógicamente de una inteligencia muy limitada, es una dentadura fluorescente que haría las delicias de cualquier pasta de dientes.

La música de Super 8 es sinfónica, una verdadera partitura que pretender resaltar las emociones de los protagonistas, a base de metales, cuerdas y vientos. Attack the Block cuenta con una banda sonora del rap más actual y ruidoso del momento, que los protagonistas tararean poniéndose hasta las patillas de drogas en los suburbios de la zona sur de Londres de la época actual, mientras que el equipo de Super 8 se acaba la merienda de su bocata de nocilla en el barrio de las madres de Mujeres Desesperadas de 1979.

Salí de Super 8 con la sensación de tener 15 años y de Attack the Block asegurándome que tenía la suerte de no tener 15 años. De la primera, ni frío ni calor, en Attack the Block me reí, y mucho, de las ocurrentes réplicas, las situaciones cercanas a la realidad (¿a quién no se le ha gastado la batería, en este caso el crédito, cuando más lo necesita?), disfrute de la originalidad del pastiche y de algunas excelentes interpretaciones, Nick Frost, Luke Treadaway y, hasta, Jodie Whittaker. Una película muy ingeniosa que puede resultar una bomba en la taquilla. Y es que los tiempos han cambiado mucho. Super 8 llega con 30 años de retraso, Attack the block con uno de adelanto.

Se me olvidaba, la mítica revista francesa Cahiers de cinéma ha dedicado la portada de su último número a Super 8, película no gran sino grandísimo público. Para gustos están los colores. Hecho tan inhabitual como si Fotogramas o Première dedicase su próxima portada a Nader y Simin, una separación. Lo que sería, en mi modesta opinión, mucho más acertado porque esta última película, una verdadera joya del cine invisible, y dentro de poco visible (programada en el próximo Festival de San Sebastián y a finales de septiembre en los cines), distribuida en Francia solamente en VO, en 8 semanas de exhibición ha conseguido la friolera de 800.000 espectadores y todavía sigue en cartel. Lo dicho, los tiempos han cambiado mucho.