Territoires, Francia 2010

Un grupo de amigos americanos han asistido a la boda de un amigo en Canadá y regresan en coche a sus casas. Una larga carretera en medio de un bosque sin fin, paisaje habitual entre estos dos países, una noche cerrada y un buen humor acompañan a estos jóvenes treintañeros. Viajan con un faro roto porque en la ruta han atropellado a un animal y el espectador presiente que los problemas no tardarán en aparecer.

El comienzo de este film contiene todos los ingredientes necesarios para un buen momento de terror. ¿Qué se esconde en mitad de su camino? ¿Vampiros, asesinos en serie, catástrofes naturales, fantasmas, monstruos, hombres lobo…? Peor todavía. Para sorpresa de todos, la pesadilla comienza cuando tropiezan con dos agentes de la policía de fronteras. Y eso, sí que provoca realmente miedo.

Este primer largometraje de Olivier Abbou, premiado en el Festival de Cine Fantástico de Bruselas, heredero del género italiano del giallo (últimamente parece que vuelve a estar de moda, tras años de ausencia, superado por las películas de torture porn que habían ocupado su lugar), crea un universo fantástico basado en la triste actualidad.

Las prisiones ilegales norteamericanas, en sus numerosos ejemplos, desde la más célebre, Guantánamo, pasando por Abou Ghraib, hasta llegar a la recientemente renovada, Bagram, representan una forma de esquizofrenia de sucesivos dirigentes norteamericanos. Sin  dudar en exigir una escrupulosa conducta democrática a los demás países del mundo, al mismo tiempo, mantienen estos lugares, sin ley ni respeto de derecho alguno, curiosamente en la mayoría de los casos, fuera de sus fronteras. En una entrevista Ricardo Sánchez, ex-jefe de la coalición en Irak, reconocía “claramente que hemos torturado. Es un fracaso estratégico para nuestro país y será muy difícil recobrar la autoridad moral que teníamos antes”.

El director se ha rodeado de actores, principalmente, desconocidos, salvo Sean Devine y Roc LaFortune, mezclando las lecciones de sus admirados directores, en especial Michael Haneke, con la expresiva utilización de la técnica del rig mirror (tomas realizadas a través de un espejo que deforma la imagen).

Una ópera prima que consigue un interesante y logrado clima de tensión, crea dos nuevos personajes inquietantes del género fantástico, añade una premisa política a un género que ya no se utilizaba para denunciar los problemas de la sociedad actual y, por supuesto, incluye un final abierto. Los amantes del género disfrutarán de lo lindo con Territoires.

La Soledad de los Números Primos (La solitudine dei numeri primi), Italia 2010

Una narración fragmentaria que corresponde a diferentes periodos vitales, 1984, 1991, 1998 y 2007, en un montaje realizado con un hacha sin afilar, que avanza y retrocede a ritmo de un informativo de 24 horas, a través de unas estilizadas imágenes, estilizadas, cromáticas, saturadas de color y por momentos difuminadas, en las que cada plano tiene una importancia capital.

Saverio Costanzo, con 35 años y sólo 3 películas en su haber, el director retoma la gran tradición de los clásicos del cine italiano para triturarla, comprimirla y extraer los ingredientes de un nuevo estilo. Alejado del neorrealismo para centrarse en el lado imaginativo de la realidad, saturarla de colores y combinar los más inimaginables géneros (desde el giallo de Dario Argento, especificidad italiana del cine de terror, hasta el humanismo de Vittorio de Sica, la poesía de Michelangelo Antonioni o los excesos barrocos de Luchino Visconti) Saverio Costanzo ha conseguido reunir en esta película la estética de lo que podría considerarse la nueva ola italiana (Giusseppe Capotondi, Ascanio Celestini, Luca Guadagnino y Paolo Sorrentino).

Desde hace unos años se percibía un movimiento en la cinematografía del país que anunciaba que algo se estaba cociendo, un olor nos llegaba de vez en cuando y ahora, por fin, podemos degustarlo plenamente. El cine italiano ha pasado de la depresión a la exaltación, ha hecho sus deberes, y tras la oportuna revisión de las lecciones del pasado, ha integrado la siempre sospechosa influencia de los otros medios que juegan con la imagen integrándola en este exquisito banquete.

A partir de la novela de Paolo Giordano seguimos las peripecias de sus dos impresionantes protagonistas, Alba Rohrwacher, Luca Marinelli, acompañados por Isabella Rossellini, en su particular universo a mil leguas de la realidad que los rodea. Un film de horror sentimental que tiene más de melancólico que de terrorífico.

Algunos, me temo que muchos, detestaran, y otros estamos convencidos de presenciar el renacer de la filmografía de uno de los países que más ha aportado a la historia del cine mundial. Los comienzos siempre son difíciles y las nuevas formas narrativas pueden desestabilizar, pero en todo caso es una de las propuestas más interesantes de este año que nadie debería perderse.

El sonido y la música son otros de los elementos primordiales de este film que contiene, no creo que nadie lo ponga en duda, una de esos momentos antológicos que a veces nos ofrece el cine: una escena de un beso, capaz de cortar el aliento a la más profunda desesperación.