L’autre monde, Francia 2010

¿Dónde acaba la realidad y comienza la ficción? ¿Dónde está el límite que no se debe traspasar en las redes sociales y los juegos en línea? ¿De qué manera la web 2.0 ha cambiado nuestras vidas, el modo de relacionarnos, de comunicar y hasta la forma de amar? Este asunto ha entrado en la reciente historia del cine con magníficos resultados, como por ejemplo las recientes Adoration de Atom Egoyan, Chatroom de Hideo Nakata o R U There de David Verbeek.

Y Gilles Marchand nos propone su versión en L’autre monde tras su paso por el Festival de Cannes y actualmente en competición en el Festival de Sitges. Tras las inquietantes Lemming y Qui a tué Bambi?, este brillante guionista y director reflexiona sobre el tema, mezclando un universo social de juego en línea, Black Heaven, rodado góticamente en modo de animación, casi en blanco y negro, y la historia real que transcurre en el ambiente soleado y lleno de color de un verano en el sur de Francia. 

Gaspard, un adolescente, que disfruta de sus vacaciones entre sus amigos y su novia, Marion, cuando encuentra por casualidad a Sam, una mujer inquietante en busca de un compañero, a través de un juego llamado Black Heaven, nada más y nada menos que para suicidarse juntos. Desde ese momento la vida de Gaspard cambiará de forma radical, y frente a la estabilidad de su situación actual percibe un mundo totalmente desconocido que le atrae irresistiblemente.

L’autre monde combina dos visiones de la realidad y opone varias maneras de vivirla. Frente a una monotonía cotidiana se sitúa lo desconocido y excitante, frente a su joven novia la atracción de una mujer fatal, frente a la luz del verano las noches sentado al ordenador, frente a la vida la muerte y así, sucesivamente, hasta descubrir qué esconde en realidad el juego Black Heaven.

La propuesta es ambiciosa pero la película no alcanza el resultado esperado. Desde un inicio prometedor, la primera aparición de Sam resulta poco creible, y la película va perdiendo interés a medida que el director aumenta los golpes de efecto. La puesta en escena se hace cada vez más fría y ésa es la sensación con la que el espectador sale de la sala.

Ya es bastante complicado no perdese en un mundo pero es casi imposible cuando hay dos, salvo que te llames Christopher Nolan.

Kaboom, EE.UU. 2010

Todos tenemos nuestras propias obsesiones y Gregg Araki, el director de Kaboom, no olvida nunca las que han nutrido toda su filmografía: la juventud, el sexo y el fin del mundo. Después de haber sido invitada y muy bien acogida en la última edición del Festival de Cannes, la película compite en la sección oficial del Festival de Sitges y no sería de extrañar que obtuviese algún galardón.

Frente a la crisis actual, la incertidumbre generalizada frente al futuro o las previsiones pesimistas e insistentes de todos los analistas, que no anticiparon lo que se nos venía encima pero ahora están seguros de que tardaremos siglos en recuperarnos, hay creadores como este director o Xavier Dolan con su espléndida Les amours imaginaires que ven el mundo de color de rosa, en tecnicolor y disfrutan de todos los aspectos de la vida sin complejo alguno.

Kaboom es la onomatopeya que designa el ruido de una gran explosión en los tebeos americanos y esa es la sensación que percibe el espectador al ver la película. Todo comienza por un sueño recurrente del protagonista: un largo pasillo, una pelirroja, una puerta cerrada y… un cubo de la basura. Es cierto que Smith tiene 18 años, toma drogas con frecuencia en las fiestas sin fin de la universidad, se pasea por el campus con su mejor amiga lesbiana y aunque se acuesta con una rubia tipo Barbie no le importaría hacérselo con su compañero de apartamento, rubio tipo Ken playero y sin ninguna neurona en el cerebro. 

Gregg Araki actualiza el cuento de hadas mezclándolo con una buena dosis de psicotrópicos. El paso de la juventud a la edad adulta, la ausencia de los padres, la confusión de sentimientos, la indefinición sexual y la sensación de apocalipsis van pasando ante nuestros otros bajo toda la gama de colores existentes en el arcoíris. Y como siempre nos tiene acostumbrados el director, y también autor del guión, Kaboom contiene frases y réplicas tan bien escritas que hacen que la sala pase una buena parte de la película riéndose a carcajadas.

El film comienza como la típica comedia universitaria alocada, nunca mejor dicho, pero cambia de tono y según avanza se acerca a lo fantástico con secta malvada incluida, persecuciones y secuestros, hasta llegar a la completa y total destrucción de la tierra.

Sencillamente, el director no le tiene miedo a nada. Acaso pueda parecer un poco exagerado todo esto o demasiado complicado pero quién no tiene, hoy por hoy, la sensación de que finaliza una época. Al final puede que Gregg Araki tenga razón.  

The housemaid, Corea del Sur 2010

Adaptación de un clásico del cine coreano de 1960 de Kim Ki-young, la nueva versión escrita y dirigida por Im Sang-soo participa en la selección oficial del Festival de Sitges 2010, tras pasar por el Festival de Cannes 2010. The housemaid nos cuenta una historia sobre el mantenimiento y obtención poder, en sus diversas variantes, por el sexo, por el dinero, por la posición social, por el reconocimiento externo, o simplemente, el poder por el poder en sí mismo.

Una joven empleada, Euny, en unos de los infinitos puestos de venta callejera de comida de Seúl asciende de categoría social al ser contratada como sirvienta de una rica familia de la ciudad. Su nuevo empleo le saca de la calle para vivir en un chalet, aislado y protegido del resto de los mortales, donde dependerá de una inquietante y ambiciosa gobernanta (que recuerda por momentos a la mítica e inolvidable ama de llaves de Manderley de Rebeca).

En The housemaid la dueña de la casa,  una joven belleza embarazada, pasa el día esperando el regreso de su marido, adinerado hombre de negocios, para compartir con él las escasas horas del día que le dejan libre sus ocupaciones. Euny se ocupa de la niña de los señores (perfectamente adiestrada para mostrarse afable con el servicio y así mostrar su superioridad), sirve la comida, limpia la inmensa casa y ejecuta el resto de sus labores.

Pero lo inevitable se produce y Hoon, el dueño y señor de todo lo que contiene la mansión, acaba seduciéndola. A partir de ese momento la verticalidad de las relaciones señores-criada se tuerce (magnífico plano inclinado desde el salón de música para mostrar que la relación sexual se ha convertido en una simple transacción comercial) y Euny entra en una espiral de la que, le dejamos adivinarlo, saldrá mal parada.

Sin duda alguna, la gobernanta es lo más interesante del quinteto protagonista, puesto que en la mitad de la película aparece la nuera, personaje con menos escrúpulos que Cruela de Vil. Esta moderna ama de llaves duda entre aprovecharse de la situación y obtener una posible ascensión social y ayudar a la inocente sirvienta.

Este drama psicológico, espléndidamente rodado, avanza hasta el terreno fantástico según la historia se acerca al final. En una de las últimas escenas, en el jardín de la mansión se celebra un extraño rito a lo David Lynch, en el que la joven protagonista se transformará en una versión coreana de Marilyn Monroe. Una frágil, triste y rota muñeca de porcelana.

El tío Boonmee que recuerda sus vidas pasadas (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives), Tailandia 2010

Instrucciones para disfrutar de esta sorprendente y magistral propuesta cinematográfica. Como espectadores aceptamos que los ratones hablen, que un hombre con una capa negra y una espada brillante se pasee por el espacio o que mi avatar de color azul turquesa salve la luna de otro planeta. No tenemos ningún reparo en disfrutar de estos personajes o situaciones por muy increíbles que nos parezcan si nos paramos a reflexionar. Con El tío Boonmee…debemos entrar en el cine sin prejuicios y dejarnos llevar por la poesía visual y narrativa de su director, Apichatpong Weerasethakul.

 

La película comienza con la verdadera protagonista de la película, la jungla, donde animales y humanos comparten un destino, intentan obtener un momento de libertad (magnífica escena del búfalo en la penumbra del anochecer) y mueren transmitiendo su amor o su odio en un eterno retorno.

 La filosofía budista empapa todo el guión y la reencarnación está tan asumida que el protagonista, el tío Boonmee aquejado de una insuficiencia renal, no se sorprende al recibir a la hora de cenar el espíritu de su difunta esposa y de su hijo desaparecido y ahora transformado en una mezcla de hombre-mono (¿es qué ha finalizado la evolución humana o en realidad estemos involucionando?). Y además con humor porque, evidentemente, con tanto pelo no le reconoce.           

 

Estas visitas le ayudarán a atravesar el camino hacia su muerte, en medio de una sublime cueva, donde soñará con sus vidas anteriores, como cuando estaba encarnado en una princesa que hacía el amor con un extraño animal en el fondo de un lago hasta que llegada su hora final reintegrando a la madre naturaleza sus propios líquidos en la caverna del origen del tiempo y, metáfora, del útero maternal.

Todas estas imágenes, la historia misma o los sueños, que reviven guerras pasadas reconstituidas por fotos fijas y que parecen sacadas del periódico de ayer, puede sonar complicado, incomprensible o pretencioso pero es todo lo contrario. La serenidad, un ritmo narrativo totalmente diferente del occidental y la imaginación han conquistado el la Palma de Oro del Festival de Cannes 2010 y la película estará en la gala oficial del Festival de Sitges 2010.

 

Acompañar al tío Boonmee en sus vidas anteriores es una experiencia hipnótica. Al salir de la proyección me pregunté si había comprendido la película. No, posiblemente muy poco, pero me daba absolutamente igual, fueron dos horas de verdadero cine inclasificable, entre fantástico y arte contemporáneo. Un momento entre sueño y realidad.