La Casa Muda, Uruguay 2010

Un brillante ejercicio de estilo como tarjeta de presentación internacional. Gustavo Hernández ha conseguido realizar una película con un presupuesto de 6.000 dolares, un rodaje de 4 días y un único plano secuencia de casi 80 minutos (no es sólo uno en realidad, pero lo parece) con la cámara Canon EOS 5D Mark II (la misma que se utilizó en la creativa Rubber). Y, por si fuera poco, vender los derechos de adaptación para la versión The Silent House, que ya se ha presentado en el Festival de Sundance de 2011. No está nada mal para un debut cinematográfico.

Como imagino le ocurre a todo buen aficionado al cine, me encantan los planos secuencias. Estas tomas únicas, que se alargaban hasta 11 minutos con las cámaras tradicionales, y que aportan al espectador una sensación extrema de vivir la historia, al mismo tiempo, que los personajes. Por citar, únicamente, tres planos secuencias míticos debemos comenzar por el espléndido plano realizado por F. W. Murnau, ya en 1927, en una de las películas mas bellas de la historia del cine, La Aurora. Otro plano secuencia inolvidable del cine clásico se lo debemos al maestro del suspense, Hitchcock, en La soga (1948), y por citar uno contemporáneo, añadiría la hipnótica Elephant (2003) de Gus Van Sant.

Película basada en los hechos acaecidos en el pueblo uruguayo de Godoy en los años 40: en una granja aislado se hallaron los dos cuerpos mutilados de dos hombres con las lenguas cortadas y rodeados de extrañas fotografías. La investigación policial no logró aclarar el suceso de la época y el, o los, asesinos nunca fueron localizados. Un enigma digno de las mejores novelas negras y que Gustavo Hernández ha querido esclarecer, de manera cinematográfica.

Una película de horror centrada más en la sensación del terror, que en los habituales litros de sangre derramada, con una puesta en escena meticulosa, una iluminación perfecta y una excelente dirección artística. Según entran en la casa los protagonistas, los espectadores comienzan a tener miedo y… es que como está el sector inmobiliario últimamente.

Tras su pase por el Festival de Cannes, el director añadió una escena después de los títulos de crédito finales, lo que alarga, más aún, una película que ya se hacía un poquito larga en su origen. Lo que no disminuye el esfuerzo y la inteligencia de este intento de rehabilitar un género hiper codificado, con un planteamiento interesante y unos recursos artísticos muy bien dosificados y, sobre todo, permite intuir el gran talento del joven director, Gustavo Hernández, que realmente promete. A vigilar muy de cerca.

Wir sind die Nacht (Somos la noche), Alemania 2010

El expresionismo alemán de los años 20 trasladó el mito del vampiro al universo del cine sentando las bases de un género, que no ha conocido la crisis desde su creación, con míticas películas como Nosferatu (1922) de F.W. Murnau o M. el vampiro de Düsseldorf (1931) de Fritz Lang. Quizás el hecho de que años más tarde un energúmeno, chillón y con bigote, obligase a la mayoría de estos célebres cineastas a salir corriendo de su país, sea la causa de que, casi un siglo después, el cine alemán no haya recuperado aún este magnífico legado.

 

El director Dennis Gansel, con un excelente bagaje en su haber, Napola (2004) sobre el nazismo o la inquietante reflexión de La ola (2008) sobre el espíritu de equipo llevado al límite, se ha atrevido con este proyecto que había concebido en 1996, cuando aún era estudiante de cine, actualizando la figura del vampiro, en este caso, femenino. Los miembros vampiros masculinos han sido eliminados al resultar demasiado molestos, escandalosos y perjudiciales para el colectivo. Ya nos habían anunciado que el siglo XXI será femenino o no será, pero lo que esperábamos es que fuese menos sangriento.

 

El realizador ha modernizado los códigos de los glóbulos rojos en un explosivo cóctel entre Sex and the city, Millennium y Twilight, eliminando los obviedades de éstos y añadiendo elementos nuevos para crear una nueva generación de inmortales. La película destila una ironía que la bonifica (excelente el método de bronceado que utilizan) y posee una de las mejores réplicas de este género en los últimos años lanzada por una delicada señorita: podemos comer, beber, esnifar coca y f… todo lo que nos apetezca sin engordar jamás, quedarnos embarazadas o caer enfermas. Una declaración de principios digna de Epicuro.

 

Lena, una joven marginal, se cuela una noche en un club alternativo y conoce a Louise, la propietaria del lugar, que se enamora inmediatamente de ella. Lo que no sabe es que ésta forma parte de un trío de vampiras. El mordisco es a primera vista y, a partir de ahí, Lena saboreará las ventajas pero también los inconvenientes de su nueva condición. Menos mal que algo malo tiene sino nos apuntábamos todos.

 

El Festival de Sitges supo apreciar su calidad e ironía otorgándole el Premio Especial del Jurado. Sus defectos no ocultan los logros de un honesto trabajo de modernización del mito que, sobre todo, demuestra que Berlín es una ciudad magníficamente cinematográfica para este tipo de cine.