L’Exercice de l’Etat, Francia 2011

Todo comienza por un sueño en la película más anclada a la realidad que el espectador haya visto en mucho tiempo. Unos encapuchados, ataviados de un atuendo entre secta y logia masónica (¿un guiño a una de las escenas de Eyes Wide Shut de Kubrick?) se encargan de decorar un imponente despacho de un gran apartamento francés, al gusto del siglo XVIII, pesados bronces, espesas alfombras e imponente mesa de caoba.

Sobre el antiguo parqué una mujer desnuda se acerca, a gatas, a un enorme cocodrilo que acaba devorándola y tragándose entero su cuerpo. El ministro de transporte se despierta, visiblemente excitado, de su sueño lúbrico y empieza, para él, un nuevo día en el ejercicio del poder que le otorga su ministerio.

Pierre Schoeller, tras un excelente primer film, Versailles, presentó en el último Festival de Cannes esta película, la segunda parte de un proyecto de trilogía sobre el poder en el que cada una tiene su propio carácter, con un clamoroso éxito de público y de crítica, Premio FIPRESCI incluido. En este año cinematográfico francés tan marcado por la reflexión política, en mayo próximo se celebran las elecciones presidenciales, varios cineastas han decidido coger el toro por los cuernos, o mejor dicho, los ministros por su cartera, y desmenuzar la cruda realidad de los oscuros antros del poder y de su forma de ejercitarlo. La radiografía, ya sea en la excelente Pater de Alain Cavalier (17 minutos de aplausos al final de la proyección) o en este Ejercicio del Poder el resultado es, como mínimo, desesperanzador. La pregunta, que se me plantea de inmediato, es por qué no existe este tipo de cine en nuestros lares.

El brillante director de esta película, alejado de un discurso intimista y reflexivo, rueda más al ritmo de Quentin Tarantino que de Sidney Lumet o Alan J. Pakula y la jornada de este ministro de transportes es un western, en el que las pistolas son los expedientes de privatización y el saloon los despachos ministeriales pero hay tanta tensión, venganza e ira como en la vida real.

En esta historia de Pierre Schoeller todo jugaba en su contra. La película podía caer en el maniqueísmo fácil y en el discurso simplón, pero el director sobrepasa todas las expectativas con un trío singular de protagonistas, un alejamiento de toda tendencia política concreta (el político puede ser de derechas o de izquierdas) y la puesta en escena más rock and roll que haya recibido una película política en toda la historia del cine.

Tres personajes frente a diferentes formas de entender y ejercitar el poder: el secretario del ministerio (fascinante Michel Blanc) que cree firmemente en su trabajo como un servicio a la comunidad, la directora de comunicación (impresionante Zabou Breitman) más interesada en los sondeos y en el color de la corbata del ministro que en las víctimas de un accidente de tráfico, y el propio ministro (impecable Olivier Gourmet) centrado, pese a todo y contra todos, en mantener y ejercer su parcela de poder, actividad que nutre sus sueños más eróticos. Por desgracia, en los últimos tiempos, la mayoría de los sueños de los políticos se han transformado en verdaderas pesadillas para los electores.

Los idus de marzo (The ides of march), EE.UU. 2011

George Clooney tenía pensado realizar su cuarta película ya en 2008 pero una fiebre, aún no catalogada y denominada Obama, invadió el país y el clima de euforia no era el más preciso para lanzar esta cínica y alborotada mirada sobre una de las profesiones más antiguas del mundo.

Tres añitos después, la exaltación popular se ha transformado en una decepción más y hasta Obama ha perdido su aura de esperanza democrática. Y es que a todo político le llega su particular idus de marzo (por desgracia para los votantes, en la mayoría de los casos, una vez elegidos).

Estos célebres idus de marzo eran, en el antiguo calendario romano, los días propicios de Martius (que en realidad corresponden, según nuestra actual medida del tiempo, a los meses de marzo, mayo, julio y octubre). La popularidad de la expresión se debe a Julio César, el hombre de todas las mujeres y la mujer de todos los hombres, ¿elogio o crítica? de Gayo Escribonio Curión, según nos cuenta Suetonio, historiador y eminente cotilla (como se puede observar, el género de la telerrealidad no tiene  nada de novedoso).

Al citado César, en una ocasión un invidente le previno contra los peligros que podía sufrir en los idus de marzo. El cónsul no lo olvidó y llegada la fecha le mandó buscar para reírse de su premonición, diciéndole que ya habían llegado y no le había ocurrido nada. El ciego, más prudente que él, le recordó que si bien habían llegado, todavía no habían acabado. La historia confirma la clarividencia del personaje dado que César acabó con más agujeros en su cuerpo, no sé cuántas puñaladas, que un colador.

En dos palabras, George Clooney narra la campaña de un gobernador, sus directores de campaña y las relaciones con la prensa, en un Estado de la Unión, insignificante en sí mismo pero crucial para la carrera presidencial. Film basado en la obra de teatro Farragut North de Beau Willimon sobre su experiencia personal en el tema (esperemos que haya algo de ficción en ella porque, en caso contrario, es para salir corriendo). Y para ello el director se hace acompañar por un cuarteto de actores en pleno subidón de inspiración: Marisa Tomei, Philip Seymour Hoffman, Paul Giamatti y, de nuevo, el excelente Ryan Gosling.

Algunos reprocharán a la historia su falta de originalidad (sí, es verdad que recuerda un poco a Primary Colors de Mike Nichols y el tema no es nuevo) pero, rara vez, se ha filmado un proceso de putrefacción, de comportamientos deshonestos, de cinismo y falsedad de los profesionales de la política, de su doble moral, de su falta  de principios, de sus constantes cambios de chaqueta y de su asalto al poder, como sea y contra quien sea, con tanta perfección, maestría, brillo, inteligencia y, sobre todo, elegancia. What else?

This is Not a Film (In Film Nist), Irán 2011

Existen películas que cuentan historias verdaderas y también hay historias reales que son de película. La de hoy es una de ellas. Sin duda del género de terror. Prepárate pues, a pasar miedo. Mucho miedo. Érase una vez un pequeño país que condenaba a sus directores a 6 años de prisión y 20 de prohibición de rodar películas o conceder entrevistas. Podían haber sido 30 o 40 años, pero las autoridades del país decidieron que serían 20. Quizás inspirados por el tango y convencidos de que Carlos Gardel tenía toda la razón cuando cantaba que “20 años no es nada…”. Con sus actrices eran mucho más tolerantes, 80 latigazos y algún añito que otro a la sombra no les vendrían mal. Podrían haber sido más, pero si 80 días son suficientes para dar la vuelta al mundo, esta cantidad de golpes también servirá para cambiarles las ideas a estas desvergonzadas que, en vez de estar en su casa, se dedican a hacer películas. ¿Dónde vamos a parar? Parece que no tienen suficiente con estar cubiertas todo el día con el velo, pensaban las autoridades de este país que el mundo occidental “civilizado” apoyó durante años por puro interés económico, haciendo la vista gorda a sus reiteradas colisiones contra los derechos humanos más elementales.

Las autoridades del país muestran un exquisito gusto (como se puede apreciar son amantes del tango y de la literatura de anticipación de Julio Verne) y, al mismo tiempo, un perfil psicológico que podría calificarse de trastorno bipolar o colmo de la hipocresía, al seleccionar una de sus películas, Nader y Simin, una separación, (sin duda de lo mejor de la cosecha anual a nivel internacional y apostaría a que se lleva el galardón) como candidata de su país al Oscar a la mejor película extranjera. Resumen, dado que es para perderse: prohibición de rodar a los directores, latigazos a sus actrices y selección de película al Oscar.

Uno de estos directores se llamaba Jafar Panahi (me tiembla la mano al darme cuenta de que escribo en pasado), ha apelado su sentencia y se pasa el día encerrado en casa en espera de la resolución del recurso. Su abogada (el cine iraní es como una red de araña y entre sus películas se establecen interesantes conexiones, léase Au revoir) le da pocas esperanzas de un veredicto justo, literalmente le comenta que es una decisión política más que jurídica y depende de la situación nacional más que internacional (el cineasta ha recibido un apoyo generalizado a todos los niveles, presidente del jurado de Cannes, su silla estuvo vacía durante todo el certamen dado que se le negó el visado para abandonar el país).

Y de repente a Jafar se le ocurre una idea: le han prohibido rodar pero nada le impide actuar o contar el argumento. Llama a un colega, le comenta su proyecto y su amigo se presenta, media hora más tarde, en su casa con una cámara y preparado para esta no-película (hace unas semanas este director de documentales, Mojtaba Mirtahmasb también ha sido encarcelado).

Jafar desvela los dos últimos guiones que el comité de censura le ha denegado rodar y sobre la alfombra de su salón delimita, con la ayuda de una cinta aislante (genial, el doble sentido) la habitación, el pasillo y las escaleras de la casa de la protagonista de su no-film: una joven a la que sus padres encierran en casa para que no pueda inscribirse en la facultad de Bellas Artes.

Durante la grabación se escuchan ruidos y continuas sirenas que provienen del exterior (sobre importancia de los efectos sonoros y el sonido ambiental en la cinematografía iraní, léase The Hunter) que luego descubriremos de donde provienen y su causa. Como la hija del director no está en casa tiene que ocuparse también de dar de comer a la mascota familiar: una iguana (uno de los animales con más años de antigüedad sobre la tierra, de nuevo la ironía se hace presente al pensar en Darwin, “no son los mejores los que sobreviven sino los que mejor se adaptan a su entorno”). Un animal que también parece actuar: molestándole como si quisiese impedirle rodar esta no-producción o escondiéndose tras los libros de una biblioteca.

Podría pasar horas comentando las sensaciones que transmiten estas imágenes. Hipnóticas, sobrepasando el límite de la sinceridad para adentrarse en una especie de confesión, sugestivas y tiernas porque la dureza de la realidad las hace sinceras. Ahora entiendo porque escribo en pasado. Negar a un cineasta su derecho a filmar es destruir su esencia, derrumbar su dignidad y aniquilar su instinto. Jafar Panahi no existe sin una cámara en la mano. Por eso cuando su amigo se tiene que ir le deja encendida la cámara. Sabiendo que le han prohibido rodar, cuando se acerca para cogerla, se me encogió el corazón y pensé: no, no la toques.

Imposible para Jafar tener una cámara al alcance de la mano y no hacer nada con ella. Un momento mágico de cine. Y las lágrimas en los ojos cuando en los títulos de crédito dedica esta no-película a todos los directores iraníes y da las gracias a … puntos suspensivos (el director sabe que incluir cualquier nombre implicaría una condena).

La leyenda cuenta que este no-film llegó al pasado festival de Cannes en una llave USB escondida en una tarta. Otra ironía más del destino: no podría ser de otra forma porque se trata de un verdadero regalo. Cuando acabó me imaginé un mundo sin imágenes y me resultó imposible. Me levanté, mirando la pantalla pensé en la obra de Buero Vallejo, En la ardiente oscuridad y, a kilómetros de distancia, le dije al director: tienes razón Jahar, no pares, grábalo todo. No nos dejes en la oscuridad.

Habemus Papam, Italia 2011

Nanni Moretti presentó esta película en la selección oficial de Cannes. Los que esperaban una comedia satírica sobre la religión católica se vieron inmediatamente decepcionados por esta obra sutil que plantea, en realidad, una lúcida reflexión sobre el poder y su ejercicio.

El cónclave de cardenales se dispone a elegir al nuevo Papa. Tras varias votaciones, la elección recae en Melville. En el momento en que el nuevo sucesor del apóstol Pedro debe bendecir a la multitud, que ha esperado impacientemente la fumata blanca en la gran explanada del Vaticino, el Papa novato sufre una crisis de angustia y se niega a salir al balcón.

El director ha elegido sabiamente el apellido del Papa, como el célebre escritor Herman Melville, autor de Moby Dick (1851), que creo uno de los personajes más interesantes de la historia de la literatura en Bartleby, el escribiente (1853), y su filosófica actitud ante la vida resumida en la fantástica frase, “Preferiría no hacerlo (I would prefer not to)”.

Entre comedia (sublimes las escenas de la guardia suiza o del surrealista campeonato de deporte) y drama, Nanni Moretti logra un retrato lleno de respeto hacia los infantiles cardenales y de cínica ironía respecto del protocolo papal. Una primera parte se desarrolla en el recinto del Vaticano. En 1271 la elección del Papa dura tres años, lo que provoca la ira y la incomprensión del mundo cristiano. Para evitar que la situación se reproduzca, el Papa elegido, Gregorio X, decide que los cardenales durante la elección estarán aislados del exterior y si no lo escogen en cinco días, a partir de ese momento se establecerá un régimen alimenticio basado en pan y agua. Una segunda parte, menos claustrofóbica, acompaña al protagonista, magnífico Michel Piccoli, en sus aventuras por la Roma actual.

Film político que reflexiona sobre el poder y las capacidades de cada uno para poder ejercitarlo. Viniendo de un país como Italia y conociendo la opinión del director sobre la política de esta país, la película se convierte en una sabrosa metáfora del poder, del querer y de la posibilidad de que alguien se no se considere adecuado para ejercer un cargo público. No sólo en Italia sino en muchos países, pensándolo bien, Habemus Papam se trata, en realidad, de una película de ciencia-ficción.

Han Jia (Winter Vacation), China 2010

Esta película, galardonada con el Leopardo de Oro del Festival de Locarno en su última edición, es tan sorprendente en su forma como en su contenido. Las vacaciones de invierno, título del film, representan un momento de libertad, alegría y diversión para el conjunto de los estudiantes del mundo. Sin embargo, este periodo parece representar todo lo contrario para los pobres protagonistas de este pueblecito chino del norte.

Li Hongqi, poeta, director y autor del guión, hará huir del cine a los amantes de las películas de acción y a los aficionados a las tramas complejas y rebuscadas. Todos los encuadres están perfectamente milimetrados, la observación prima sobre el ritmo y la fotografía consigue que incluyamos el lugar del rodaje en el primer puesto de nuestra lista de “lugares a evitar”.

Llegadas estas esperadas vacaciones, se supone, cuatro estudiantes se reúnen para decidir qué van a hacer. Las alternativas son escasas y las ganas de aventura aún menores. Entre discusiones surrealistas (la influencia de una relación amorosa en el correcto desarrollo de los estudios, la calidad y la estética de un gorro de lana o el valor de la formación en la futura vida laboral) y acciones, a primera vista, incoherentes (el robo de la calderilla de uno de los estudiantes, repetido varias veces, o las continuas riñas de un abuelo a su modélica nieta) el film adopta un tono inofensivo y, al mismo tiempo, extraño.

Reconozco que en varios momentos de la película me reí por una puesta en escena, en algunas situaciones de la historia, similar a las antiguas comedias del cine mudo. El film en su última parte cambia ligeramente de tono y aparecen algunos personajes nuevos. Una vez abandonada la sala empezaron mis sospechas. Probablemente el autor ha adoptado este ritmo y narrado esta historia con el propósito de saltarse la censura existente, utilizar a los protagonistas como arquetipos de la sociedad (la nueva China frente a la antigua) y realizar, como viene sucediendo con el último cine de este país, una crítica de la sociedad y de la política china actual y de las transformaciones que está sufriendo en su particular camino hacia el capitalismo. Un film que podrá calificarse de cualquier cosa, excepto de inocente.

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