La Prima Cosa Bella, Italia 2010

Vuelve la comedia italiana como nos gusta a todos, refrescante, irrespetuosa, cándida y maliciosa, al mismo tiempo. Un homenaje directo y sincero a las mejores películas de Dino Rosi y sus recreaciones del ansía de vivir y la alegría económica de posguerra. En esta ocasión la fábula comienza en 1971 en un pueblo de la costa, muy próximo en temperamento y estética a nuestras playas mediterráneas de los años del destape, y la elección de la Mamá del Verano, punto álgido y lleno de suspense de las actividades lúdicas organizadas en estos lares.

La mamá elegida es la exuberante Anna, interpretada por Micaela Ramazzotti, la esposa del director de la película, Paolo Virzi. Una mujer más exuberante que los colores de sus floreados vestidos o de sus bolsas de excelente plástico, que disfruta de la vida a mordiscos y se centra en el amor, como única y verdadera finalidad de la vida. Pero sin abandonar en ningún momento a sus hijos, con o sin premio a la Mejor Mamá del Verano, ella siempre ha sabido que lo conservará más allá del periodo estival, lo será durante toda su vida.

Desde el otro lado de la barrera, la de sus hijos, la situación se ve de distinta manera. Aceptarán las rocambolescas aventuras de su madre, las continuas mudanzas o los enredos sentimentales sin comprender demasiado, sin juzgar en exceso u oponiéndose por momentos a una anunciada catástrofe. Como buena italiana ha tenido la pareja, el niño y la niña, núcleo familiar equilibrado en su desequilibrada vida. La niña la apoyará siempre, el niño pondrá más reparos para acabar alejándose de ella.

Interpretados por algunos de los mejores actores italianos actuales, Claudia Pandolfi y Valério Mastandrea, la película cuenta con dos de los pesos pesados de la cinematografía italiana. La participación de una gloria nacional, Stefania Sandrelli, actriz que ha rodado con todos los mejores directores italianos, Bertolucci, Fellini o Scola, y la responsable del excepcional vestuario de la película, una verdadera gozada que parece tan real como si fuese de época, la genial Gabriella Pescucci, que obtuvo un Oscar por el trabajo en La edad de la inocencia (1993) y se encargó del vestuario en películas míticas como Érase una vez en América (1984) o El nombre de la rosa (1986).

Una película que arrasó en los Donatello (los Goyas italianos) y que bajo una sencilla apariencia de comedia de costumbres parece corroborar la tesis principal de los últimos directores italianos. Frente a una Italia creativa, optimista e ingenua, a pesar de sus defectos, representados por la Mamá del Verano 1971, se opone un malhumorado y agrio país, dormido o drogado, en perpetuo estado de dependencia, interpretado por el hijo mayor. Energía a raudales y un final feliz como un buen baño en la playa del verano de 2011.

Gianni y sus Mujeres (Gianni e le Donne), Italia 2010

Gianni Di Gregorio es un caso particular en el universo del cine italiano. Tras una larga carrera de guionista de éxito, firmando entre otros la adaptación de Gomorra (2007), decide situarse detrás de la cámara por primera vez en su vida en 2008, con 59 años, para dirigir una dulce comedia, La comida del 15 de agosto, triplemente recompensada en la Mostra de Venecia. El apoyo de la crítica y el público le ha impulsado a vencer su natural timidez y realizar un segundo largometraje.

Inmerso en una Italia gobernada por un empresario, que cultiva escándalos con la misma intensidad que algún director rueda torrentes de secuelas, gravemente afectado por la irresistible atracción que padece su libido por las chicas de vida alegre, y manifiestamente machista, el protagonista de esta ligera comedia se ve presionado continuamente por su entorno. En su país, todo hombre de su edad debe tener una o varias amantes, es una situación tan evidente como necesaria para la patria.

El pobre Gianni, ya jubilado y con el poco entusiasmo que da la desconfianza ante tal soberana estupidez, se lanza a la conquista de un nuevo amor. Las candidatas no le faltan: su primer amor de juventud, su sublime vecina, la hija de una amiga de su madre y todo el universo femenino que le rodea. Pero nuestro sesentón tendrá que hacer frente a dos grandes dificultades: su posesiva madre y el hecho de que las mujeres le consideran más un cariñoso abuelo que un posible amante.

El actor y director de la película vuelve a protagonizar una tierna película que podría considerarse la continuación de su primer trabajo. El mismo personaje que tanto conoce, ni siquiera se oculta tras otro nombre que no sea el suyo, para hablarnos de lo que mejor conoce, su vida.

Si su primer film se centraba en el papel que su madre, autoritaria y acaparadora, había ocupado en su vida, en este último trabajo analiza el delicado momento en que los hombres “se vuelven transparentes”, según sus propias palabras, bajo el signo del humor y la ironía. Una película que recogiendo la tradición de la comedia italiana de Nanni Moretti, actualiza los enredos de la commedia dell’arte de Carlo Goldoni por una especie de alter ego europeo de Woody Allen que, en vez de idealizar y solucionar en este continente las frustraciones sexuales de su país, se limita a asumirlas con la paciencia, el buen humor y el distanciamiento que aporta la cultura mediterránea.

La Soledad de los Números Primos (La solitudine dei numeri primi), Italia 2010

Una narración fragmentaria que corresponde a diferentes periodos vitales, 1984, 1991, 1998 y 2007, en un montaje realizado con un hacha sin afilar, que avanza y retrocede a ritmo de un informativo de 24 horas, a través de unas estilizadas imágenes, estilizadas, cromáticas, saturadas de color y por momentos difuminadas, en las que cada plano tiene una importancia capital.

Saverio Costanzo, con 35 años y sólo 3 películas en su haber, el director retoma la gran tradición de los clásicos del cine italiano para triturarla, comprimirla y extraer los ingredientes de un nuevo estilo. Alejado del neorrealismo para centrarse en el lado imaginativo de la realidad, saturarla de colores y combinar los más inimaginables géneros (desde el giallo de Dario Argento, especificidad italiana del cine de terror, hasta el humanismo de Vittorio de Sica, la poesía de Michelangelo Antonioni o los excesos barrocos de Luchino Visconti) Saverio Costanzo ha conseguido reunir en esta película la estética de lo que podría considerarse la nueva ola italiana (Giusseppe Capotondi, Ascanio Celestini, Luca Guadagnino y Paolo Sorrentino).

Desde hace unos años se percibía un movimiento en la cinematografía del país que anunciaba que algo se estaba cociendo, un olor nos llegaba de vez en cuando y ahora, por fin, podemos degustarlo plenamente. El cine italiano ha pasado de la depresión a la exaltación, ha hecho sus deberes, y tras la oportuna revisión de las lecciones del pasado, ha integrado la siempre sospechosa influencia de los otros medios que juegan con la imagen integrándola en este exquisito banquete.

A partir de la novela de Paolo Giordano seguimos las peripecias de sus dos impresionantes protagonistas, Alba Rohrwacher, Luca Marinelli, acompañados por Isabella Rossellini, en su particular universo a mil leguas de la realidad que los rodea. Un film de horror sentimental que tiene más de melancólico que de terrorífico.

Algunos, me temo que muchos, detestaran, y otros estamos convencidos de presenciar el renacer de la filmografía de uno de los países que más ha aportado a la historia del cine mundial. Los comienzos siempre son difíciles y las nuevas formas narrativas pueden desestabilizar, pero en todo caso es una de las propuestas más interesantes de este año que nadie debería perderse.

El sonido y la música son otros de los elementos primordiales de este film que contiene, no creo que nadie lo ponga en duda, una de esos momentos antológicos que a veces nos ofrece el cine: una escena de un beso, capaz de cortar el aliento a la más profunda desesperación.

La Bella Gente, Italia 2009

Tras unos años de letargo, que para muchos han sido una pesadilla, el cine italiano se ha despertado, con una energía renovada, reclamando un puesto importante en la cinematografía mundial, a base de propuestas diferentes, osados directores y magníficas interpretaciones de los actores de la última generación.

En su segundo film Ivano de Matteo plantea, por fin, la cuestión que todos nos llevamos en nuestro interior y nadie se atreva a responder. Frente a las injusticias, desigualdades y miserias que nos rodean ¿hasta dónde llega nuestro supuesto compromiso hacia los demás? ¿Cuál es el límite que no dejaríamos a nadie rebasar?

Una pareja de unos 50 años, bien situada económica y socialmente e interpretados a la perfección por Monica Guerritore y Antonio Catania, trabajan en Roma, ella como psicóloga de un centro de atención a mujeres maltratadas y él como arquitecto, y disfrutan de las vacaciones y fines de semana en su magnífico chalet del campo. Al borde de la carretera que les lleva a la finca, una emigrante de los países del este, una más entre tantas, ofrece sus servicios como prostituta.

La psicóloga, harta de tener que desviar la mirada para acallar su conciencia, decide pasar a la acción y acoger a la joven en su casa del campo. Tras convencer a su marido y a la pobre chica que, en un principio, piensa más en un rapto que en una ayuda desinteresada, la pareja decide que pasará el verano con ellos y cuando llegue el invierno ya verán.

Todo se desarrolla como en un cuento de hadas y la pareja tranquiliza su conciencia, aunque tenga que hacer equilibrios con sus amigos que, por supuesto, no se tragan la versión oficial del pariente lejano. Pero también llega su hijo para pasar unos días con ellos, el extraordinario Elio Germano (premio de interpretación  en Cannes 2010), acompañado de su novia.

Lo inevitable sucede y la solidaridad empieza a flaquear por donde menos podía imaginarse. El compromiso si bien es real también es limitado y el último tercio de la película recuerda los momentos de inspiración más acertados de la historia del cine italiano, y su afición por el análisis de la sociedad y la reflexión sobre las clases que la componen. Un film apasionante y apasionado que invita al debate.

La Nostra Vita, Italia 2010

La fama de algunos conlleva el olvido del resto. Y ese es el caso de Elio Germano, premio a  la mejor interpretación masculina del último Festival de Cannes, junto a Javier Bardem. ¿Quién se acuerda a estas alturas que en la edición 2010 el premio había sido ex-aequo? Una interpretación impresionante, arrebatadora e intensa en una película que aborda una de las últimas temáticas preferidas del cine invisible: la pérdida, de manera inesperada, de un ser querido.

Daniele Luchetti, actor, realizador y guionista con una carrera impecable, vuelve a dar de pleno en el corazón de los espectadores al dirigir esta película como si fuera, prácticamente, un documental. Claudio, obrero de la construcción, espera feliz la llegada de su tercer hijo junto a su esposa y se arregla como puede para mantener a su familia. Pero una desgracia inesperada destruye la alegría familiar y desbarata el mundo que Claudio se había propuesto construir.

La película es un retrato magistral de la clase media italiana, la que no se queja porque cada mes consigue algo de dinero, hay muchos más en peores condiciones, pero que resulta insuficiente para llegar a final de mes. Del neorrealismo de la época glorioso del cine italiano hemos pasado al realismo social, puro y duro, de unos tiempos llenos de contradicciones. Claudio intentará al menos obtener más recursos económicos para compensar la desdicha de su familia, centrado en la teoría de que si bien el dinero no da la felicidad, sí ayuda a conseguirla.

El film presenta varias lecturas, poéticas y políticas, y adopta varios géneros, drama, cine social o  comedia, en una sabia mezcla. El director, junto a sus inspirados actores, ha logrado la metáfora perfecta de una Italia resquebrajada, con múltiples fisuras en sus cimientos, y la expresión perfecta de la filosofía reinante, basada en el enriquecimiento fácil y rápido, siempre y cuando no se tengan muchos escrúpulos. Es evidente que el sector de actividad en el que trabaja el protagonista, la construcción, no ha sido elegido al azar ni que el personaje del promotor inmobiliario se parezca tanto físicamente a un conocido empresario (como señalan todas las biografías que he consultado), Silvio Berlusconi.

Película próxima a la magistral Another Year por el exquisito retrato de un conjunto de personajes profundos y perfectamente dibujados (Raoul Bova o Isabella Ragonese), una historia que huye del melodrama y adopta un tono narrativo neutro y, sobre todo, por la defensa de la amistad, el amor y la ayuda mutua como base de la verdadera y única felicidad existente. El buen cine italiano, tras unos años de ausencia, vuelve a conquistar la pantalla.