Un amour de jeunesse (Goodbye First Love), Francia 2010

Con 30 primaveras, tres películas y cara de no haber roto un plato en toda su vida, Mia Hansen-Løve es sinónimo de una vida dedicada al cine. Con 18 años y desengañada de un primer amor se presenta a un casting. No sólo consigue el papel sino también encontrar al que será su compañero sentimental, Olivier Assayas, director del magnífico Carlos. Cuatro años después se convierte en crítica de cine, firmando sus artículos en la mítica revista Cahiers de Cinéma. Su verdadera escuela de cine puesto que para convertirse en cineasta, en su opinión, no existe receta mejor que escribir sobre películas.

Tras dos primeras películas centradas en la presencia del padre y los pequeños dramas de las jóvenes de hoy, la directora cierra una trilogía, no premeditada, con este inmenso film sobre un primer amor, el que más daño hace, el que nunca se olvida y el que deja tatuado en la piel el mapa que tendrán que seguir los que lleguen más tarde. Como escribe David Foenkinos “la pareja es el país que posee la menor esperanza de vida”.

Nada más sencillo, a primera vista, que este historia: dos adolescentes enamorados y en desequilibrio. Los 16 años de ella no le impiden saber que él es el hombre de su vida o de sus vidas. Él, con pocos años más y pese a su amor, consciente de su juventud decide irse un año a trabajar al extranjero para poder recorrer el mundo, vivir nuevas experiencias y conocerse a sí mismo. Este drama, tipo Corín Tellado, que podría resolverse en diez minutos, la sensibilidad, creatividad y elegancia de Mia Hansen-Løve lo convierten en un apasionante recorrido por el, siempre, incierto terreno amoroso: un hipnótico road movie del corazón.

Sin duda el éxito de la película le debe mucho a su actriz principal, Lola Créton, que encarna el personaje de tal manera que por momentos el espectador cree que se trata de un documental. Una actriz que dará que hablar, dado que en un año se ha impuesto como una revelación del cine francés con tres películas al mismo tiempo. Un estupendo film que no ha escapado a los ojos del Festival de Locarno 2011 logrando colarse en su selección oficial.

La abuela de la directora, sin ni siquiera haber visto la película, la define a la perfección con una cita de Kierkegaard, “la vida sólo se comprende volviendo la vista atrás pero debe vivirse  yendo siempre hacia delante.” Eso es una abuela y que se quite todo lo demás. Y de tal palo tal astilla porque su nieta, con ese apellido en que el amor está tachado, define el cine como hablar de lo invisible a través de las imágenes o intentar encontrar una presencia singular y desaparecida. En esta ocasión el intento se ha transformado en un logro total.

Attack the Block, Reino Unido 2011

Una sesión doble de cine con Super 8 y Attack the Block en cartelera se transforma en el divertido e interesante juego de los siete errores. Ambos directores han trabajado con Spielberg, J. J. Abrams reparando los rollos de super 8 (posible título en homenaje) que Steven Spielberg había realizado en su adolescencia, y Joe Cornish, el director de este primer film, en la escritura del guión de las Aventuras de Tintín, si bien el título es una referencia-homenaje a la producción coreana Attack the gas station.

Ambos recuperan el universo del veterano director como base de sus trabajos. Por desgracia, J. J. Abrams se limita a una correcta copia muy previsible. Joe Cornish va mucho más allá. La práctica del reciclaje no es sólo recomendable sino que es una verdadera tendencia del cine actual. La diferencia es que esta honorable práctica debe servir para crear algo, no para amontonar los restos recuperados sin que éstos sufran transformación alguna.

Los protagonistas de las dos películas son una pandilla de adolescentes. A todos los de Super 8 los adoptarías de inmediato, educados, sensibles y con ojitos de perro abandonado en pleno verano. Sin embargo al grupúsculo de Attack los enviarías de inmediato a un reformatorio, unos quinquis maleducados, insensibles y con ojos de bulldog en pleno ataque de rabia.

La cuadrilla de Super 8 se ve inmersa en medio de la fuga de la tierra de un extraterrestre, tipo araña de Louise Bourgeois, con una nave espacial reciclada (aquí todo el mundo recicla, hasta el extraterrestre) en forma de Torre Eiffel. En Attack the Block, presupuesto obliga, los extraterrestres  vienen a reproducirse y quedarse (lo que nos faltaba), la forma de los aliens es lo que menos importa (¿existe alguien todavía que se crea que cualquier forma de inteligencia, por minúscula que sea, cometería la insensatez de pasar sus vacaciones en nuestro planeta?), lo único que se aprecia de estos monstruos, lógicamente de una inteligencia muy limitada, es una dentadura fluorescente que haría las delicias de cualquier pasta de dientes.

La música de Super 8 es sinfónica, una verdadera partitura que pretender resaltar las emociones de los protagonistas, a base de metales, cuerdas y vientos. Attack the Block cuenta con una banda sonora del rap más actual y ruidoso del momento, que los protagonistas tararean poniéndose hasta las patillas de drogas en los suburbios de la zona sur de Londres de la época actual, mientras que el equipo de Super 8 se acaba la merienda de su bocata de nocilla en el barrio de las madres de Mujeres Desesperadas de 1979.

Salí de Super 8 con la sensación de tener 15 años y de Attack the Block asegurándome que tenía la suerte de no tener 15 años. De la primera, ni frío ni calor, en Attack the Block me reí, y mucho, de las ocurrentes réplicas, las situaciones cercanas a la realidad (¿a quién no se le ha gastado la batería, en este caso el crédito, cuando más lo necesita?), disfrute de la originalidad del pastiche y de algunas excelentes interpretaciones, Nick Frost, Luke Treadaway y, hasta, Jodie Whittaker. Una película muy ingeniosa que puede resultar una bomba en la taquilla. Y es que los tiempos han cambiado mucho. Super 8 llega con 30 años de retraso, Attack the block con uno de adelanto.

Se me olvidaba, la mítica revista francesa Cahiers de cinéma ha dedicado la portada de su último número a Super 8, película no gran sino grandísimo público. Para gustos están los colores. Hecho tan inhabitual como si Fotogramas o Première dedicase su próxima portada a Nader y Simin, una separación. Lo que sería, en mi modesta opinión, mucho más acertado porque esta última película, una verdadera joya del cine invisible, y dentro de poco visible (programada en el próximo Festival de San Sebastián y a finales de septiembre en los cines), distribuida en Francia solamente en VO, en 8 semanas de exhibición ha conseguido la friolera de 800.000 espectadores y todavía sigue en cartel. Lo dicho, los tiempos han cambiado mucho.