La red social (The social network), EE.UU. 2010

Es muy llamativo que word (palabra) y world (mundo) estén tan próximas en el idioma inglés. David Fincher sabe que quién tiene la palabra puede conquistar el mundo o, por lo menos, la parcela que le interesa. Y La red social son, al igual que en el famoso acto segundo de Hamlet, palabras, palabras, palabras. El director, junto al guionista Aaron Sorkin de la serie El ala oeste de la Casa Blanca (de nuevo, la palabra es poder), han realizado una versión actual del triángulo favorito de Shakespeare: ambición, poder y traición.

Si escribiese que el argumento de la película es un soldado del mejor ejército del mundo que decide conquistar un país para convertirlo en su propio reino, y que en la batalla no dudará en traicionar a su único amigo, encontrará personas interesadas que le adularán hasta conseguir integrarse en su equipo para disfrutar de los beneficios de la campaña militar, cualquiera diría que se trata de una de la tragedias romanas (véase Julio César o Antonio y Cleopatra) de Shakespeare y no de un film americano de 2010. Me produce un sano cosquilleo ver la explosión en taquilla de la película y recordar, al mismo tiempo, los comentarios sobre lo aburrido que es el teatro clásico.

Cuando presentó El club de la lucha David Fincher comentó que era “una versión estilizada de nuestro presente Ikea. Habla sobre conceptos muy simples. Estamos modelados para ser cazadores y estamos en una sociedad consumista. No hay nada más que matar, no hay nada que pelear, nada que vencer, nada que explorar. En esta castración social, todos los hombres ya están fabricados”. Con La red social sólo le queda añadir que lo único que queda hoy por conquistar son los “famosos quince minutos de publicidad”, biblia de Andy Warhol, y ésa es la principal y exclusiva motivación del protagonista.

En resumen, un film de acción que, en vez de utilizar golpes y peleas, usa palabras. Frases que hieren, traicionan, mienten y engañan. Y que pueden llegar a matar. Excelente escena en que Justin Timerlake, con una actuación muy pero que muy digna, frente a la acusación de su adversario de que está al corriente de las noticias horribles publicadas sobre él, éste se limita a responder: “yo de tí no ha leído nada”. Y un breve silencio. Lo peor que les puede pasar a los protagonistas es que no les conozcan, no se hable de ellos o no les saluden desconocidos por la calle. Por eso son tan importante en esta película, en que los actores no paran de discutir, los breves y muy escogidos momentos de silencio del guión.

Y La red social trata también de la profunda soledad, que nos ha impuesto la sociedad de los medios virtuales, y que inició el protagonista y que acaba sufriendo en propias carnes. Un héroe trágico, como señala el guionista, que debe pagar caro lo que ha hecho y, además, sentir remordimientos. 

Por cierto en la película también se hable de algo llamado Facebook pero nadie sabe muy bien de qué se trata.

The killer inside me, EE.UU. 2010

Michel Winterbottom es un cineasta británico que se atreve con todo. Dieciséis películas en poco más de diez años, reflexionando sobre la música en 24 Hour Party People, la condición de refugiado En este Mundo, el sexo en 9 canciones o la ausencia de libertad en Camino a Guantánamo. Siempre desde una visión comprometida, una posición política y tratando temas ardientes, un verdadero maestro del cine invisible que ha conseguido sus fieles seguidores. Por eso cuando se rumoreaba que tenía en proyecto una adaptación literaria, estaba seguro de que no serían los poemas de Gloria Fuertes (estilo “coleta, te apuesto una raqueta” o su minimalista “en mi despiste se me olvido el alpiste”).

 

El director ha elegido a unos mejores de los escritores americanos de novela negra, Jim Thompson, para adaptar una obra de 1952, The killer inside me (traducida en español como El asesino dentro de mí, aunque personalmente hubiese preferido El asesino que llevo dentro).

 

Lou es sheriff de un pueblo pacífico, perdido y aburrido de Texas. Su vida desfila sin interés y sin sobresaltos hasta que tiene que invitar a una mujer a abandonar el pueblo por su vida licenciosa. A partir de entonces, Lou empieza a acumular problemas, sobre todo, porque además de guardián del orden es un psicópata sádico y asesino.

 

La puesta en imágenes del universo tan negro de Thompson es fascinante. Winterbottom nos desvela poco a poco el lado oscuro del personaje en una progresión que parece no alcanzar su fin y que, al filmar las primeras escenas de violencia, hace difícilmente soportable su visión. Además Casey Affleck, el sheriff protagonista, borda una de sus mejores interpretaciones.

 

El film ha obtenido una excelente respuesta del público y de la prensa especializada y ha sido seleccionado en los Festivales de Sundance y Berlín 2010, obteniendo el premio de la crítica en el Festival de Beaune.

 

Winterbottom, al escoger a uno de los pocos escritores que en plena década de los cincuenta criticaba con sus historias el famoso “american way of life”, continúa mostrando el revés de la moneda, un sistema de orden y de gobierno podrido, falso y en manos de los peores dirigentes posibles, cuya única posible solución es su destrucción antes de que nos afecte o aniquile a todos sus integrantes.

Origen (Inception), EE.UU. 2010

El estreno de Origen ha consagrado a  Christopher Nolan como uno de los cineastas más interesantes de los últimos tiempos. La película bate récords de taquilla en todo el mundo y es el ejemplo perfecto de un artista que ha conseguido hacer visible su cine invisible.

El director, de origen inglés, ha cumplido 40 años el 30 de julio este mismo año y ya desde pequeñito sabía claramente lo que quería hacer. Con 18 años presenta su primer cortometraje Tarantella y siendo aún estudiante logra que otro de sus cortos Larceny compita en el Cambridge Film Festival.

Acaba sus estudios de letras y en 1998 presenta su primer largometraje Following donde un joven escritor se dedica a seguir a desconocidos por las calles e intentar imaginar sus vidas. Una experiencia que la artista francesa Sophie Calle realizaría también en la ciudad de Roma. Y es que el arte, la danza, las referencias literarias y cualquier otra producción artística nutren las realizaciones de este director.

Cuando presentó su primer film en el Festival de Hong Kong solicitó directamente al público fondos para realizar su próxima película: Memento y consiguió que unos mecenas la financiasen. La película le hizo saltar a la fama y conseguir sus dos primeras nominaciones a los Oscar. Hoy ya lleva trece y ha ganado dos.

En 2002 y junto a Al Pacino realizó el remake del film noruego Insomnia. El éxito de la película le permitió concentrarse en uno de sus proyectos más deseados: la adaptación de la biografía del director Howard Hughes y que consideraba como el mejor guión que había escrito hasta entonces. Pero Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio se adelantan y estrenan Aviator.

Christopher Nolan olvida el proyecto y realiza las dos partes de Batman. El Caballero Oscuro le aporta dos Oscar y el rodaje de la tercera está prevista para 2012 como director, productor y guionista. En medio realiza El truco final (The Prestige, 2006), lucha encarnizada de dos magos del siglo XIX para vengar la muerte de la amante de uno de ellos.

Y llegamos a Origen (Inception, 2010) que es una verdadera proeza narrativa, estilística, filosófica y cinematográfica. Un nuevo Matrix, donde la idea central proviene de este antiguo hombre de letras convertido en cineasta, “una idea es tan contagiosa como un virus, una vez instalada nada pueda pararla”.

La película comienza como muchos espectadores hubieses deseado que finalizase Titanic, con su protagonista, Leonardo DiCaprio, en la playa tras un naufragio pero vivo aún. Una referencia cinematográfica más entre todas las que aparecen en el film: Shutter Island, La vida en rosa, El planeta de los simios, 2001 odisea en el espacio y un largo etcétera.

Un ladrón que roba e implanta ideas durante los sueños, perseguido por su pasado familiar en una película que se desarrolla en tres niveles del mundo de los sueños, y en otro nivel, el de la realidad que se cruzan y se mezclan como una escalera sin fin de Escher.

Origen aporta tantos elementos e ideas que es difícil elegir cuales desarrollar, pero hay dos que sobresalen. La continua obsesión del director por las caídas desde los edificios en un referencia implícita a los atentados del 11 de septiembre. Y una metáfora que se desprende de la historia: la vieja Europa, encarnada por la esposa del actor principal en Marion Cotillard, es el sueño asesinado por la certeza de que todo es irreal. Sólo la muerte o la destrucción es la salvación frente al mundo actual, en especial norteamericano, encarnado en su protagonista. Un presente dominado por un materialismo en que los seres humanos sólo tienen la certeza de existir si poseen algo material y donde todos estamos controlados y manipulados por enormes multinacionales con intereses exclusivamente económicos. 

 

Pero en realidad, ¿todo lo que hemos visto es o no un sueño? La escena final corta el aliento y acentúa la pregunta, ya aclarada hace siglos por el genial Calderón de la Barca, la vida, por muy real que sea, no deja de ser un sueño.