Abel, México 2010

Diego Luna, actor que presenta su primer trabajo al otro de la cámara, nos sorprende con un historia de tintes autobiográficos, para la que ha preferido establecer una distancia colaborando con otro guionista, Eduardo Mendoza (nada que ver con el escritor español, este Eduardo es el director de Mañana te cuento). El actor perdió a su madre a los dos años y su padre fue la figura esencial de toda su infancia. En la película es la ausencia del padre la que provoca el conflicto. Una situación, por desgracia, habitual en México dada la emigración económica, hacia el otro lado del Río Grande, a la que se ven obligados innumerables hombres. El film consiguió el apoyo financiero de John Malkovich y Gael García Bernal para su producción y obtuvo el Premio Nuevos Horizontes de la última edición del Festival de San Sebastián.

 

Abel, un niño de nueve años, se ha encerrado en un mutismo total desde la ausencia de su padre, hace dos años. Su madre ha intentado solucionar su problema utilizando todos los medios posibles a su alcance, llegando al extremo de internarle en un hospital psiquiátrico, pero en vista de que Abel no mejora, decide sacarlo de allí y traerlo a casa junto a sus dos hermanos. El gran descubrimiento de la película es el fascinante actor que interpreta al protagonista, Christopher Ruiz-Esparza. Junto a su hermano en la película, y también en la vida real, Gerardo, deslumbra por su talento, su capacidad para adoptar los matices que su personaje requiere y el desparpajo de su actuación.

 

Abel descubre un día que él puede llenar el vacío que su padre ha dejado, en una escena fantástica con un representación teatral y un hormiguero, y enfrentado a una situación de paternidad no asumida, el protagonista encarnará el rol de una paternidad inesperada, comenzando a hablar y a comportarse como lo hacía su ausente padre. La familia recibe la mejoría de Abel con escepticismo pero todos acaban asumiendo, tanto la madre como los dos hermanos, la nueva estructura familiar. Hasta que lo inevitable se produce.

 

Una imaginativa metáfora sobre los roles de cada miembro de la familia en una sociedad matriarcal, bañada con unos toques de surrealismo que mejoran la historia (la casa en una tierra de nadie), un suspense bien sostenido al final de la película (una piscina y unos niños) y un equipo de actores excelentes, la madre interpretada por Karina Gidi está perfecta. Ser padre es difícil pero ser hijo puede llegar a ser más complicado aún.

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