Nostalgia de la luz, Chile 2010

Existe un lugar en el mundo donde se han registrado hasta 300 años sin lluvia. El espacio más árido del planeta con temperaturas por la noche de hasta -25º C y 45º C a pleno sol durante el día y la única mancha marrón que se percibe en nuestro planeta azul desde el espacio. Este lunático paisaje es el desierto de Atacama y se sitúa en el norte de Chile. Y hasta ese lugar inhóspito, donde se supone que nada puede sobrevivir, se ha ido Patricio Guzmán para rodar su último trabajo.

Una experiencia que ha valido la pena, visto el resultado. Cuatro años de trabajo, la presentación del documental en el Festival de Cannes y un premio, bien merecido, el François Chalais que, en ediciones anteriores, se llevaron cineastas de la talla de Amos Gitaï, Walter Salles o Michael Winterbottom.

La propuesta de Patricio Guzmán es, a primera vista, un tanto forzada pero según avanza el documental se van estableciendo conexiones, interrogantes, senderos y rotondas que nos llevan al puerto que el autor deseaba: la memoria como deber, derecho y necesidad de todo pueblo.

En Atacama, por la claridad de su cielo y su altitud de tres mil metros, se han instalado varios de los más potentes telescopios que existen en el universo. En este extraño lugar, miles de astrónomos observan las estrellas en busca del origen de la tierra y demás cuestiones, que el ser humano no ha dejado de plantarse desde su creación. Y junto a ellos la inmensidad del desierto aún lleno de cadáveres de los prisioneros políticos de la dictadura de Pinochet.

Las imágenes son impactantes, la fotografía extraordinaria y el guión brillantemente escrito pero lo más sorprendente, y doloroso al mismo tiempo, es el contraste que ofrecen los astrónomos mirando al cielo, interrogándose sobre el principio del universo de hace miles de millones de años, y las mujeres mirando al suelo del desierto buscando los huesos de sus familiares desaparecidos hace sólo unos cuantos años. Un poeta griego,  Yeoryos Seferis, escribió que “allí donde la toques, la memoria duele” y, aunque es necesario ver este documental, duele.

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