Los chicos están bien (The kids are all right), EE.UU. 2010

Antes que nada debo confesar una gran debilidad por Julianne Moore. Desde sus primeros papeles me subyuga (quién se acuerda de que actuaba en La mano que mece la cuna, allá por los años noventa), me apasiona el aspecto camaleónico de su físico, su versatilidad frente al drama o la comedia, su capacidad para transmitir sensaciones con una simple mirada o su variedad infinita de registros. Ella junto a Tilda Swinton, desde sus primeros trabajos con Derek Jarman en la década de los ochenta, son mis dos referencias del trabajo de interpretación.

Y lo que me temía desde hace tiempo ha ocurrido, en su última película hay otra actriz que se la ha comido literalmente en la pantalla, que le roba todos los planos hasta tal punto que casi hace que nos olvidemos de Julianne Moore. Y ésta es, nada más y nada menos, que Annette Bening.

The kids are all right se ha paseado por la mitad de los Festivales Internacionales del mundo entero (Sundance, Berlín, Melbourne, Deauville, Río de Janeiro, Londres) presentando un tema delicado para el gran público, la inseminación artificial de una pareja de lesbianas, con rigor, humor, sensibilidad y, lo mejor de todo, la normalidad deseada para unos nuevos tiempos que imponen nuevas estructuras familiares.

Nic y Jules, casadas hace varios años, disfrutan de su perfecta vida en pareja con sus respectivos hijos concebidos por inseminación artificial. El hermano menor presiona a su hermana, que acaba de cumplir 18 años, para que le ayude a encontrar al padre biológico de ambos, un Mark Ruffalo en plena forma. Los dos se sentirán atraídos por este solterón ecológico, divertido y, novedad en el film, 100% heterosexual.

Lisa Cholodenko, directora y guionista, que ya había realizado varios episodios de series televisivas de gran éxito firma un comedia suave, equilibrada entre el conflicto y un divertido sentido del humor (la escena de sexo entre las protagonistas es antológica), comprometida con los debates de la sociedad actual, profundamente humana y en defensa de una cierta concepción burguesa de la célula familiar aunque sus miembros sean diferentes.

Con gran pena y placer al mismo tiempo, confieso que la interpretación de Annette Bening es magistral, contenida y generosa, la pareja de adolescentes se defienden muy bien frente a las dos protagonistas y Mark Ruffalo, último heterosexual de una sociedad donde el género ha borrado sus fronteras, compone el papel del hombre perdido ante las nuevas referencias de los últimos modelos familiares.

Al salir del cine lo primero que hice fue ir a mi biblioteca, abrir la novela Ana Karenina de Tolstoi y empezar, sumamente feliz, a leer: Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera…

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